viernes, 30 de octubre de 2015

Padres LES PRESENTO A SU ADOLESCENTE

Edad de Oportunidad

 Una Guía Bíblica para educar a los adolescentes
Paul David Tripp

                                         

                                          
Capítulo 5
Padres
LES PRESENTO A SU ADOLESCENTE

¿Recuerdan sus años de adolescencia? ¿Recuerdan los conflictos, luchas, locuras, buenos y malos ratos que pasamos hace algunos años? ¡Yo los recuerdo como si fuera ayer!
Si queremos ser padres efectivos, debemos recordar cómo era ser un adolescente.
Nuestros hijos deben de saber y sentir que ellos y su mundo, son muy importantes para nosotros. Deben saber que cuentan con nosotros siempre, para escucharlos, amarlos, apoyarlos y ayudarlos.
Las crisis de nuestros adolescentes nos tomarán por sorpresa. Y esto causa el temor con el que vemos la adolescencia. Muchas veces no nos gusta lo impredecible y espontaneo. Los cambios nos ponen nerviosos.
Nunca podremos predecir lo que vendrá en la adolescencia de nuestros hijos, pero entre más entendamos esta etapa, mayor será nuestra preparación y menor nuestro temor. “No debemos conformarnos con nada menos que ser instrumentos en las manos de Dios quien está haciendo cosas importantes en las vidas de nuestros hijos” Paul David Tripp.

¿Qué dice LA BIBLIA acerca de los ADOLESCENTES?
Es asombroso, pero la Biblia no habla sobre los adolescentes.
En el libro de Proverbios se encuentran citadas muchas de las tendencias de la juventud. En los primeros siete capítulos del libro de Proverbios, encontramos a un padre sabio que da consejos a su hijo. Muchas cosas de estos capítulos, coinciden con nuestros hijos. En estos capítulos, de forma simple y sabia se nos orienta sobre algunas luchas que tendremos con nuestros adolescentes. Y se nos revelan algunas de las tendencias que tienen los adolescentes. A continuación, te hablamos sobre estas tendencias:

No tienen hambre de sabiduría o de corrección
En el libro de Proverbios se hace énfasis en el valor que tiene la sabiduría y lo importante que es la corrección. El padre que aparece en el libro de Proverbios le aconseja a su hijo, que se interese en obtener sabiduría y que escuche y se someta a la autoridad. En proverbios se considera necio, al que rechaza la corrección. Y en esto vemos reflejado el corazón de nuestros adolescentes y muchas veces también nuestro corazón. La mayoría de los adolescentes no anhelan tener sabiduría. En realidad, nuestros adolescentes se creen más sabios de lo que en realidad son y piensan que sus padres no los entienden. “No obstante, la mayoría de los adolescentes carecen grandemente de sabiduría y necesitan desesperadamente corrección amorosa, bíblica y fiel” Paul David Tripp. Pese a que los adolescentes no piden recibir sabiduría, nosotros no podemos rendirnos y permitir que ellos sean los que dirijan nuestra relación con ellos.
Un reto para nosotros los padres, es hacer que la sabiduría resulte atractiva para nuestros adolescentes. Hacer que nuestros hijos deseen ser corregidos. No debemos permitir que nuestro temor haga que pretendamos controlar, lo que solo Dios es capaz de hacer por Su gracia.
“Conquista a tu hijo para la sabiduría. Sé un vendedor de sabiduría” Paul David Tripp. Esto no lo lograrás con peleas, confrontaciones y/o luchas con tus hijos.


 Te regalamos una buena regla: Debes lidiar primero contigo mismo y luego lidiar con tu adolescente. Tal y como nos lo muestra Mateo 7:3-5 “¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo?  ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame sacarte la astilla del ojo”, cuando ahí tienes una viga en el tuyo?  ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano”.
Antes de abordar a nuestro adolescente, debemos prepararnos leyendo la Biblia, orando por él y por nosotros, hablando sobre el tema con nuestro esposo o alguien que pueda brindarnos un buen consejo. Una vez que nos hemos preparado, debemos hablar con nuestro hijo (a) en el lugar correcto y en el momento correcto. Su dormitorio o el lugar donde él se sienta cómodo, será el lugar correcto. Debemos dar prioridad a estos momentos y no simplemente acomodarlos dentro de nuestra agenda. No debemos forzar este momento, sino esperar que surja la oportunidad en el momento correcto y hablar a solas con nuestro hijo (a).
Al iniciar la conversación es importante que le digas: “Eres importante y lo que Dios dice es importante, por lo tanto estoy dispuesto a invertir el tiempo necesario para ser su instrumento de corrección” Paul David Tripp. Recuerda que dar sabiduría, no es golpearlos con nuestros pensamientos y palabras, sino que es guiarlos en amor.


 Por lo general, los adolescentes siempre están a la defensiva. Por eso tenemos que tener cuidado con las palabras que usemos. Debemos hablarles con palabras honestas y no con acusaciones. Debemos poner en práctica el dominio propio que solo Dios nos puede dar. Debemos evitar los pleitos y las discusiones con nuestros hijos. Proverbios 15:1 nos dice: “La blanda respuesta quita la ira, más la palabra áspera hace subir el furor”.
Podemos hacer 3 cosas cuando nuestros adolescentes estén a la defensiva:
-          Poner en claro nuestras acciones: Hacerles saber que no estamos en su contra, sino a su favor. Que no nos mal entiendan. Decirles que queremos que Dios nos use para ayudarlos y animarlos.
-          Hacer que vean su actitud defensiva: Como todo pecador sufren de ceguera espiritual. Solo con nuestra ayuda, podrán darse cuenta que sin razón alguna, están a la defensiva. Debemos hacerles saber que no queremos pelear con ellos, sino ayudarlos por el gran amor que les tenemos.
-          Confesar los pecados que hemos cometido en contra de nuestros hijos: Si los hemos ofendido con nuestras críticas, irritación, impaciencia, condenación, gritos, etc. es necesario que le pidamos perdón a Dios y a ellos. Al hacerlo con humildad y sinceridad, les estaremos dando un buen ejemplo para que también ellos pongan su confianza en el perdón del Señor.
Si por alguna razón al estar hablando con ellos perdemos el control; debemos salir, orar y controlarnos, para poder regresar con ellos y continuar nuestra conversación.
Los adolescentes también tienden a encubrirse a sí mismos. Muchas veces evitan dar respuestas y se refugian en sus cuartos. ¡No dejes solo a tu adolescente! Búscalo y exprésale tu amor todos los días. Hazle preguntas que generen una conversación. Búscalos en los momentos buenos y malos, en todo tiempo y anímalos. “Entra al mundo de tu adolescente y permanece en él. No permitas que te vean como afuera de su mundo funcional. Los adolescentes rechazarán las granadas de sabiduría y corrección tiradas desde lejos por alguien que no ha estado adentro por bastante tiempo” Paul David Tripp.
Los adolescentes también tienen la tendencia de culpar a otros. Muchas veces nos acusaran a nosotros de ser muy duros con ellos y muy flojos con sus hermanos. Cuando esto suceda, procura no desenfocarte del asunto que estás discutiendo con tu adolescente.
Debes procurar que la conversación sea interesante y concreta, ya que los adolescentes por lo general no son buenos oyentes. Así que no cometas el error de sermonear a tu adolescente, durante el corto período que te pondrá atención. “Haz preguntas estimulantes que causen que el adolescente examine sus acciones, sus suposiciones, sus deseos y decisiones. Ayúdales a alumbrar la luz de la Palabra sobre ellos. Sorpréndelos con la verdad. Permite que la sabiduría brille ante sus ojos” Paul David Tripp.
Debemos corregir a nuestros hijos con sabiduría y amor. Y confiemos que el Señor trabajará en sus corazones y los hará amar la verdad.

Una tendencia hacia el legalismo
En el libro de Proverbios se nos muestran dos estilos de vida: El sabio que es dirigido por la verdad de Dios (Sabiduría) y el necio que se dirige por su propia opinión y sus deseos (Necedad).
Nuestra vida cristiana no se reduce a un conjunto de reglas. “La piedad es adoración humilde y agradecida que nos causa que deseemos lo que Dios dice que es valioso y que hagamos lo que Dios dice que le traerá gloria” Paul David Tripp.
Otra característica que tienen los adolescentes, es que tienden a ser legalistas.
“Necesitamos ser habilidosos para hablar con nuestros adolescentes acerca del espíritu de la ley. Necesitamos hablar acerca de los asuntos de corazón que están detrás de los mandamientos. Necesitamos mostrarles la diferencia entre la pureza interna y el desempeño farisaico del deber. Necesitamos ver el legalismo de los adolescentes como una oportunidad para hablar acerca de lo que significa tener un corazón para Dios y un corazón para hacer lo que es recto” Paul David Tripp.
Nuestros hijos deben comprender que la ley de Dios no se cumple siguiendo reglas humanas. Deben entender su imposibilidad de no poder amar, no poder dar y no poder servir en la medida que Dios nos pide que lo hagamos; debemos ayudarlos a ver la necesidad que tienen de Cristo.
El legalismo nos lleva a la autojusticia y la autojusticia nos lleva a negar la necesidad que tenemos de la gracia salvadora de Cristo. Esta justicia humana está basada en la mentira de Satanás, que quiere hacernos creer que podemos ser justos al guardar la ley. “Debemos ayudar a nuestros hijos a ver su rebelión de corazón, y llevarlos a Cristo, quien es la justicia” Paul David Tripp.

Una tendencia a no ser sabios en la elección de sus acompañantes
En el libro de proverbios se nos habla mucho acerca de la amistad y la influencia que los amigos tienen en nosotros.
Muchas veces los adolescentes no hacen las mejores elecciones con sus amigos. No podemos negar la importancia de la amistad. Podemos ser conocidos por el tipo de gente con la que andamos. Nuestros adolescentes creerán que pueden manejar cualquier situación y que no serán influenciados por sus amigos.
Por lo general es difícil hablar con los adolescentes sobre sus amigos. Los protegen y se niegan a aceptar algo negativo de ellos. Para los adolescentes, rechazar a sus amigos, es rechazarlos a ellos.
Nuestros hijos necesitan aprender a escoger sabiamente a sus amigos. Y necesitan entender y aceptar que sus amigos influenciarán sus vidas. Los padres necesitamos tener cuidado en no juzgar mal a sus amigos, acusarlos sin fundamento y etiquetarlos sin razón. “Necesitamos hacer buenas preguntas que ayuden al muchacho a examinar sus pensamientos, deseos, motivos, decisiones y comportamientos con respecto a sus amistades. Queremos dirigir a nuestros hijos a tener entendimiento del corazón que los llevará a tomar decisiones más sabias con respecto a las amistades. No logramos nada al nivel del corazón cuando juzgamos en miedo y decidimos cosas por ellos. Al hacerlo, nos perdemos de la oportunidad de ver en ellos cambios de corazón duraderos, no obstante, sólo esto conducirá a cambios básicos en su perspectiva de la amistad” Paul David Tripp.

Una susceptibilidad a la tentación sexual
En el libro de Proverbios se nos habla mucho sobre la tentación.
Recordemos que en la adolescencia hay un despertamiento físico y muchos cambios. En esta etapa comienzan a mostrar interés por relacionarse con el sexo opuesto. La lujuria y la fantasía usualmente son pecados de los adolescentes.
No podemos evadir estar realidad y la necesidad de hablar abiertamente con nuestros hijos acerca del sexo.
¿Qué sabemos sobre nuestros hijos? ¿Sabemos si luchan con la masturbación, lujuria, fantasías sexuales? ¿Sabes si sus relaciones con el sexo opuesto se basan en la Biblia? ¿Sabes cómo está influyendo el mundo en tu hijo? Necesitamos ayudar a nuestros hijos a huir de estas pasiones juveniles y no podremos ayudarles en esta área, a menos que tengamos una buena comunicación con ellos.
“Si vamos a ayudar a nuestros adolescentes con sus luchas para ser puros sexualmente, la clave está en comenzar desde temprano para que cuando el muchacho sea un adolescente, tanto el padre como el hijo hayan pasado cualquier estado de vergüenza o reticencia al hablar acerca del sexo” Paul David Tripp.
Debemos mantener una comunicación constante con nuestros hijos, a fin de mostrarles el camino de Dios de la pureza sexual. “Los padres necesitan comprometerse a realizar un proceso que inicia en los años previos a la adolescencia y continua consistentemente hasta que nuestros hijos están listos para salir del hogar” Paul David Tripp.
Durante la adolescencia surge una consciencia y tentación sexual. En esta etapa comienzan a formar un estilo de vida sexual, que permanecerá por muchos años. En este tiempo muchos sufren cambios drásticos en sus vidas o viven bajo esclavitud, como consecuencia de haber caído en un pecado sexual. Por esta razón es necesario que los eduquemos abierta, positiva y consistentemente en esta área. El tema del sexo debe ser abordado desde muy temprano y se debe mantener en discusión hasta que nuestros hijos se vayan de casa.

 Una ausencia de una perspectiva escatológica
Los adolescentes no viven enfocados en la eternidad. Ellos viven enfocados en el presente. Viven de tal manera, que pareciera que el momento presente, es el único momento en sus vidas.
Gálatas 6:7 nos dice: “Dios no puede ser burlado. Todo lo que el hombre sembrare, eso también cosechará”.
 Los adolescentes tienen la tendencia de postergar sus responsabilidades, por atender los deseos que tienen en ese momento. Ellos necesitan aprender acerca de la siembra y la cosecha. Necesitan examinar qué tipo de semillas están sembrando en este momento y qué cosecha les traerá.
En amor debemos hacerles ver a nuestros hijos que no solo lo físico y la felicidad presente existen. “Necesitan entender que Dios está obrando en algo mayor que este momento, que él los está preparando para algo maravilloso que vendrá” Paul David tripp.
En nuestra cultura se le hace creer a nuestros adolescentes que la vida consiste en lo presente, en lo físico, en nuestras posesiones.
¿Quiénes son los héroes que este mundo les presenta a nuestros hijos? Son personas vacías, aferradas a tesoros terrenales. Son personas sin consciencia eterna. Son personas que influyen en nuestros hijos para creer mentiras y vivir cosas pasajeras.
Nuestros adolescentes necesitan aprender a ver la vida desde una perspectiva eterna. “Necesitan ver que cada elección, cada acción es una inversión, y que es imposible vivir la vida sin sembrar semillas que serán las plantas de vida que algún día cosecharemos” Paul David Tripp.

Falta de consciencia de su corazón
Proverbios 4:20-22 nos hace una advertencia: “Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; guárdalas en medio de tu corazón; porque son vida a los que las hallan, y medicina a todo su cuerpo”. Y en Proverbios 4:23 nos dice: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”.
Dicho en otras palabras, “Tu corazón es el centro de control de tu vida, hijo. Lo que rija tu corazón te regirá a ti” Paul David Tripp.
Recordemos que no solo debemos ocuparnos de su conducta que es lo externo. Nuestra meta debe ser llegar a conocer el corazón de nuestro adolescente, ayudarlo a que se vea como es realmente. Y ser un instrumento del Señor para transformar el corazón de nuestro hijo (a), en un corazón dirigido por Dios y Su verdad.
Nuestros hijos, al igual que nosotros que somos pecadores, tenemos una lucha, una ceguera espiritual.
Esta lucha pareciera ser más intensa en los adolescentes, debido a que están centrados en el presente, en lo físico y conductual. No dedican mucho tiempo a examinar sus corazones; se enfocan en el ahora y en lo que los rodea. Por eso es tan necesario ayudarles a conocerse a sí mismos, a conocer su propio corazón. Deben conocer sus batallas, sus debilidades y sus tentaciones.
Su actitud defensiva se debe en gran parte a su ceguera espiritual, al desconocimiento de sí mismos.
“Como padre, mi meta no sólo es que mis hijos lleguen a conocer a Dios, sino que al hacerlo, también se conozcan a ellos mismos. Solamente cuando una persona conoce a Dios puede conocerse verdaderamente a sí misma, y conforme esto ocurre, su hambre por Dios se incrementa” Paul David tripp.
Debemos estar conscientes que estamos en una guerra espiritual, donde nuestro enemigo es un engañador, mentiroso y embustero.
“Con amor y dependencia humilde en Cristo, necesitamos aprovechar cada oportunidad para exponer asuntos importantes del corazón (temor al hombre, materialismo, egoísmo, lujuria, codicia, envidia, incredulidad, enojo, autojusticia, amor al mundo, orgullo, rebelión, etc.), ayudando a nuestros adolescentes a mirarse a si mismos en el perfecto espejo de la Escritura” Paul David Tripp.

Puertas abiertas por todos lados
Diversos temas (sabiduría, piedad, amistad, sexualidad, eternidad, el corazón…) son puertas abiertas durante la adolescencia. La discusión de estos temas a la luz de la Palabra, ayudarán a que tu hijo conozca al Señor y que Su verdad sea lo que rija sus vidas. Dios puede usar estas oportunidades para unirnos a nuestros hijos, al igual que el enemigo, puede usarlas para distanciarnos de ellos.
Recordemos que este tiempo es de preparación y de gran bendición para nuestros hijos, no permitamos que el temor, la ansiedad, la irritación nos controle y eche a perder esta gran oportunidad. No nos dejemos llevar por emociones que más tarde nos pueden traer remordimiento y vergüenza.
Si tenemos fe en el Señor y Su Palabra, Él nos usará para transmitir amor, comprensión, gracia, esperanza y vida a nuestros hijos adolescentes. Debemos estar dispuestos a corregirlos con aceptación, perdón y esperanza.
¡Y un día veremos a nuestros hijos (as) con el carácter de Cristo!

 Alma Leticia Villela

martes, 27 de octubre de 2015

Niños diligentes, íntegros y humildes (hijos para Dios)

Niños diligentes, íntegros y humildes
En este tiempo de caos y descuido por parte nuestra como padres, debemos prestar atención a educar hijos que  sean diligentes,  independientemente de cual sea la posición que tengan en un futuro en la vida.
 Darles tareas a edad temprana para emplear su tiempo, tareas moderadas y diversas, que no los abrume, ni fatigue su tierno espíritu, pero lo suficiente para tenerlos activos en el día. Esto les ayudara a tener buen uso del tiempo y formar su carácter en la permanencia de un buen hábito.




Que sean Íntegros:
Que nuestros hijos amen la verdad y la sinceridad, y se sientan mal, cuando practiquen la mentira.
Formar hijos íntegros requiere de un ejemplo genuino de parte de los padres, inculcando valores correctos y precisos a los niños.
Cuando nuestros hijos se encuentren culpables por mentir consiente y deliberadamente, expresemos nuestro desacuerdo por esta acción. No solo con una reprensión correcta o inmediata. Sino llegando al corazón de su conducta por el comportamiento, y puedan reconocer cuanto nos ha afectado, entristecido y desagradado.
Actuar con seriedad y corregir esta falta en su momento, puede ser una manera de prevenir muchas más.
Demostrarles cuan agradable, honroso y ventajoso es mantener un carácter justo, abierto y honesto.
Y que desagradable es ser necio, deshonesto, el camino más fácil para ser malignos, inútiles y odiosos.
Sobre todo debemos recordarles que Dios ama la justicia y rectitud y mira con agrado a los rectos.


Criar hijos humildes es un adorno hermoso que se gana la estima y afecto.
Querer el bienestar, la honra y la felicidad de otros.
Demos el paso a tener hijos humildes y modestos en toda su manera de ser con todos.
Que traten a sus superiores con respeto, acostumbrarlos a guardar silencio y ser prudentes en el momento apropiado. De este modo aprenderán a gobernar su lengua, para su tranquilidad futura, confort  y reputación.
Lizy

Biografía recomendada
Hijos en el hogar
pa.17.



domingo, 25 de octubre de 2015

Formando el carácter de los niños (Hijos para Dios)

FORMACIÓN DEL CARÁCTER DE LOS niños
Philip Doddridge (1702-1751)
Hay que educar a los niños de modo que sean obedientes a sus padres. 
Este es un mandato que Dios ordenó desde el Monte Sinaí anexando al mismo la singular promesa de larga vida, una bendición que los jóvenes desean mucho (Éxo. 20:12). Es por eso que el Apóstol observa que es el primer mandamiento con promesa, o sea, un mandato muy excepcional por la forma como incluye la promesa. Efesios 6:1-2.


 Y es por cierto una disposición sabia de la  Providencia  la  que  otorga  a  los  padres  tanta  autoridad,  especialmente  durante  sus  primeros  años,  cuando mentalmente  no  pueden juzgar  y actuar por  sí mismos  en  cuestiones  importantes. Por lo  tanto  hay que  enseñar temprano y con un convencimiento bíblico de que Dios los ha puesto en manos de sus padres. En consecuencia, hay  que  enseñarles  que  la  reverencia  y  obediencia  a  sus  padres  es  parte  de  sus  deberes  hacia  Dios  y  que  la desobediencia  es  una  rebelión  contra  él.  Los  padres  no  deben  dejar  que  los  niños  actúen  directamente  y resueltamente  en  oposición  a  sus  padres  en  cuestiones  grandes  y  chicas,  recordando:  “El  muchacho  consentido avergonzará a su madre” (Prov. 29:15). Y con respecto a la sujeción al igual que el afecto: “Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud” (Lam. 3:27).

Hay que educar a los niños de modo que sean considerados y buenos con todos. El gran Apóstol nos dice que “el cumplimiento  de  la  ley  es  el  amor”  (Rom.  13:10),  y que  todas  sus  ramificaciones  que  se  relacionan  con nuestro prójimo  se  resumen  en  esa  sola  palabra: amor.  Entonces,  hemos  de  esforzarnos  por  enseñarles  este  amor. Descubriremos que en muchos casos será una ley en sí y los guiará bien en muchas acciones en particular, cuyo cumplimiento  puede  depender  de  principios  de  equidad  que  escapan  a  su  comprensión  infantil.  No  existe una instrucción relacionada con nuestro deber que se adapte mejor a la capacidad de los niños que la Regla de Oro (tan importante para los adultos): “Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mat. 7:12). Debemos enseñarles esta regla, y por ella debemos examinar sus acciones. Desde su cuna hemos de inculcarles con frecuencia que gran parte de su vida cristiana consiste en hacer el bien, que la sabiduría  de  lo  Alto  está  llena  de  misericordia  y  buenos  frutos,  y  que  todos  los  cristianos  deben  hacer  el  bien  a todos los que tengan oportunidad de hacerlo. Para que nuestros hijos reciban con buena disposición tales enseñanzas, hemos de esforzarnos usando todos los métodos prudenciales, por ablandar sus corazones predisponiéndolos hacia sentimientos de humanidad y ternura, y de cuidarse de todo que pueda ser una tendencia opuesta. En lo posible, hemos de prevenir que vean cualquier tipo de espectáculo cruel y sangriento, y desalentar con cuidado que traten mal a los animales. De ninguna manera hemos  de  permitirles  que  tomen  en  broma  la  muerte  o  el  sufrimiento  de  animales  domésticos,  sino  más  bien enseñarles  a  tratarlos  bien  y  a  cuidarlos,  sabiendo  que  no  hacerlo  es  una  señal  despreciable  de  una  disposición salvaje y maligna. “El justo cuida la vida de su bestia; mas el corazón de los impíos es cruel” (Prov. 12:10). Debemos, igualmente, asegurarnos  de  enseñarles lo  odioso  y  necio  de  un temperamento  egoísta y animarles a estar  dispuestos  a  hacerles  a  los  demás  lo  que  les gusta  que  les  hagan  a  ellos  mismos.  Hemos  de  esforzarnos especialmente de fomentar en ellos sentimientos de compasión por los pobres. Hemos de mostrarles donde Dios ha dicho:  “Bienaventurado  el  que  piensa  en  el pobre;  en  el  día  malo  lo  librará  Jehová”.  El que  muestra  compasión hacia el pobre es como si lo hiciera para el Señor, y lo que le da le será devuelto. Y tenemos que mostrarles, con nuestra propia práctica que realmente creemos que estas promesas son ciertas e importantes. No sería impropio que  alguna  vez  hagamos  que  nuestros  hijos  sean  los mensajeros  cuando  enviamos  alguna  pequeña  ayuda  al indigente o al que sufre necesidad; y si descubren una disposición de dar algo de lo poco que ellos tienen que les permitimos llamar suyo, debemos animarlos con gozo y asegurarnos que nunca salgan perdedores por su caridad, sino  que  de  un  modo  prudencial  hemos  de  compensarlos  con  abundancia.  Es  difícil  imaginar  que  los  niño educados así vayan a ser más adelante perjudiciales u opresivos; en cambio serán los ornamentos del cristianismo  y las bendiciones del mundo, y probablemente se cuenten entre los últimos que la Providencia deje sufrir necesidad.

Biografía
Formación Bíblica
 De los hijos en  el Hogar.

Pag.16.

viernes, 23 de octubre de 2015

La familia (una descripción de trabajo

Edad de Oportunidad

 Una Guía Bíblica para educar a los adolescentes
Paul David Tripp

                                         

                                          
Capítulo 4
LA FAMILIA
Una descripción de trabajo

En el capítulo anterior decíamos que la familia es la unidad primaria de aprendizaje puesta por Dios.
Es aquí en la familia donde los padres tenemos que cumplir la meta que Dios nos ha designado; y para poder cumplir nuestra misión como padres de adolescentes, es necesario tener un conocimiento correcto acerca de la familia.
Muchas veces entendemos que la familia es una comunidad de aprendizaje; sin embargo, muchas veces no sabemos cómo enseñar y transmitir las verdades de Dios en nuestra vida familiar cotidiana. ¿Cómo volver un momento de enseñanza, cada episodio en la vida de nuestros hijos?
Muchas veces nos perdemos estos momentos y estas oportunidades, porque simplemente no sabemos qué decir. “Nuestro cristianismo a menudo se vuelve menos definido a medida que nos acercamos a la experiencia cotidiana de la vida real” Paul David Tripp.
Hay tres temas fundamentales que siempre se encuentran en toda situación. La Biblia nos habla acerca de estos temas, que deben ser la base de enseñanza con nuestros hijos.

LA FAMILIA
Una comunidad teológica
La teología “es el estudio de Dios, su existencia, su naturaleza y sus obras” Paul David Tripp.
En nuestras familias lo más importante debe ser la existencia de Dios y el hecho que somos Sus criaturas.  Todo cuanto hacemos, decimos y pensamos debe girar alrededor de Dios. Toda situación debe depender de Dios, de Su voluntad y Su obra. La identidad de nuestros hijos debe estar fundamentada en la existencia y la gloria de Dios. Somos llamados a vivir vidas conscientes de Dios. “Él es la realidad que da sentido y forma a cada cosa que discutimos y consideramos” Paul David Tripp.
 Si puedes leer Deuteronomio 6:20-25, verás un ejemplo de cómo fijar la identidad de nuestros hijos en la existencia y obra de Dios, en nuestra vida cotidiana. En este pasaje vemos cómo Moisés utilizó las oportunidades y mostró a un Dios de redención.
En Eclesiastés se nos dice que todo es vanidad. Todo pierde sentido si actuamos ignorando la existencia de Dios. Nuestra vida no puede ser vista solo horizontalmente. Dios tiene un plan para nuestras vidas y Su voluntad debe ser cumplida. Si queremos que la vida de nuestros hijos tenga sentido, sus logros, éxitos, fracasos, emociones y todo lo que hagan, debe ser regido por Dios. De lo contrario, todo será vano. Debemos ver cada cosa en referencia a Dios, a quién es Él y a cuál es Su voluntad en nuestras vidas.
Al hablar de Dios con nuestros hijos, siempre debemos decirles estas cosas:

Cada momento es el momento de Dios
Nuestros hijos no deben pensar que Dios está lejos y que es ajeno a nosotros. Que sólo acude cuando lo invocamos en nuestras oraciones. No! Ellos deben de saber que Dios está aquí y se interesa en nuestras vidas. En Hechos 17:27 se nos dice que Dios no está lejos de nosotros. “Nunca hay una situación, lugar o relación que no rija Él” Paul David Tripp.
Los adolescentes tienden a creer que lo más importante es lo que ellos desean. Sus deseos son vistos como necesidades y estas “necesidades” nos las expresan en forma de una exigencia. Si como padres no concedemos lo que ellos desean, nos reclaman y piensan que no los queremos lo suficiente. Nuestra tarea como padres, es ayudarlos a que vean lo que Dios quiere y no lo que ellos desean.
“A los que aman a Dios, todas las cosas ayudan a bien” Romanos 8:28. Dios actúa en cada uno de nuestros momentos. En toda situación, en todo lugar y en todo momento Él está con nosotros.
Los adolescentes suelen olvidarse de Dios  y de Su voluntad. Están tan centrados en sí mismos, que creen que la vida consiste sólo en lo que desean. Les interesa el ahora, el presente y se enfocan en sus relaciones, en sus amigos y en su entorno. “Necesitan que los dirijamos hacia Dios, su existencia, su carácter y su voluntad” Paul David Tripp.


 Siempre un Plan Superior
Debemos saber que hay un propósito y un plan superior. La voluntad de Dios es el propósito y el plan es que vivamos para agradarle a Él. “Esto significa que Él debe ser el enfoque y la razón de todo lo que hacemos, en vez de nosotros mismos y nuestra felicidad” Paul David Tripp.
Al preguntar a los adolescentes ¿Qué desean?, la mayoría dirá que quieren ser felices. Esta felicidad puede cambiar y ser diferente en cada hora del día. Esta felicidad se enfoca en ellos mismos.
Como padres tenemos que hacerle ver a nuestros hijos que vivimos para agradar a Dios. Ellos deben comprender que Dios tiene un propósito y un plan para sus vidas. “Necesitamos alejar a nuestros adolescentes de su propia gloria y dirigirlos a un entendimiento concreto de lo que significa vivir para la gloria de Dios” Paul David Tripp.

Su historia es la historia de Dios
La Biblia no es un libro como cualquier otro, es un libro de historias. “Es la historia de Dios, la historia de su carácter, su creación, su redención para este mundo caído, y su plan soberano por las edades. Es una historia verdadera e inalterable” Paul David Tripp.


 Todos los días y de todas las maneras posibles, tenemos que poner la historia de nuestro adolescente en la historia de Dios.
Los adolescentes suelen meterse en problemas porque viven centrados en su presente; se enfocan en lo que pueden obtener en el momento. Su motivación se basa en sus deseos y se vuelven esclavos de su satisfacción personal. Esto los conduce muchas veces a tomar decisiones incorrectas, que luego lamentan toda la vida.
Es necesario que los jóvenes vean más allá de su propia historia. Necesitan ver su historia, dentro de la historia de Dios. Necesitan buscar la gloria de Dios y no su propia gloria.  “Esto les dará una razón para hacer lo que es correcto. Esto les dará esperanza. Esto les dará la fortaleza para soportar lo que Dios los llama a soportar” Paul David Tripp.
No debemos cometer el error de separar a Dios de los mandatos y principios de la Biblia. Todos los mandatos, principios y promesas de la Biblia se dirigen a Él. Es Él quien nos ayuda a obedecer, quien nos da sabiduría y quien nos cumple.
Nuestros adolescentes necesitan comprender que existe un Dios, que Él está vivo y activo, que su historia y obra está contenida en la Biblia. Que lo más importante es vivir de acuerdo a Su voluntad. Ellos deben llegar al conocimiento de quién es Dios, qué es lo que hace, qué nos ha prometido, qué nos ordena y cómo estos hechos deben moldear la manera en que ellos piensan y actúan en cada circunstancia. Nuestros hijos deben entender que el Plan de Dios es el que da significado y propósito a sus vidas.

Confía y Obedece
Debemos llevar a la práctica el seguir a Dios en todas las situaciones de nuestra vida.
Nuestra vida se desarrolla en lo cotidiano de cada día y es en este ambiente donde desarrollamos nuestro carácter y todas las cosas que nos caracterizan. Es en esta vida cotidiana donde debemos vivir nuestra fe. Nuestros hijos también deben aprender a vivir su relación con Dios y su fe, en su vida cotidiana. Nuestros hijos deben vivir para Dios, día a día,  en su hogar, en su escuela, con sus familiares y amigos.
Debemos orientar a nuestros hijos a confiar y obedecer a Dios. En cada uno de sus momentos, deben preguntarse, qué los está llamando Dios a hacer.
La palabra confiar le ayuda a nuestros adolescentes a entender y aceptar que tienen límites, que hay cosas que se escapan de su control. Estas áreas debe confiárselas a Dios. Los adolescentes, al igual que lo adultos confundimos las cosas que le corresponden a Dios y muchas veces dejamos de hacer lo que Dios nos ha mandado hacer.
“Siempre hay un plan superior que la felicidad personal, hay una historia más grande e importante que su historia en el momento, y en cada situación, son llamados a confiar y a obedecer a Dios” Paul David Tripp.

LA FAMILIA
Como una Comunidad Social
Nuestros adolescentes necesitan forjar su identidad en el carácter y la existencia de Dios, al igual que en su comunidad.
En Efesios 2:3 Pablo nos dice que somos llevados por nuestra naturaleza pecaminosa. Como pecadores, queremos que siempre se haga nuestra voluntad y peleamos contra quien se interponga. Se nos hace fácil la guerra, el odio, la división y nos resulta difícil la paz, el amor y la unidad.
Gracias al pecado, nuestros hogares están llenos de conflictos. El conflicto se da, porque cada miembro de la familia quiere vivir para sí. Nuestro bien, está por encima del bien de los demás.
Esta vida es muy diferente a la vida que el Señor nos plantea en Su palabra. “La historia de Dios no es simplemente la historia de su carácter y su obra de redención; también es la historia de cómo llama a un pueblo para que sea el pueblo de Dios” Paul David Tripp.
Dios desea que no solo le amemos a Él, sino que también amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos.
La familia es el escenario perfecto donde podemos aprender y enseñar a vivir en comunidad. “La familia es llamada a ser el contexto en el cual se enseñe conscientemente a cada momento lo que significa amar al prójimo como a uno mismo” Paul David Tripp. Todos los días se presentarán oportunidades en nuestra familia, para aprender a cumplir el primer mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas y el segundo mandamiento de amar al prójimo como a nosotros mismos.
En Mateo 23 vemos que Cristo se interesa por los asuntos del corazón (justicia, misericordia, fidelidad) y no tanto por asuntos de nuestra conducta. Muchas veces los padres tratamos de resolver conflictos que son del corazón, imponiendo reglas que controlen la conducta de nuestros hijos. Esto genera una aparente solución; sin embargo, no permite exponer y cambiar su corazón.
Cuando se presenten los conflictos en nuestros hogares, debemos dar gracias a Dios por la oportunidad. No optar por soluciones rápidas y superficiales, sino trabajar en los asuntos del corazón que provocaron el conflicto. La familia es el lugar ideal para hacer esto. En la familia, Dios nos manda a amar a las personas con las que convivimos y a quienes no tuvimos la opción de elegir. Diariamente tenemos la responsabilidad de dar, amar y servir en un ambiente donde todo es compartido. Aquí veremos que solo con la ayuda de Dios, seremos capaces de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.




 ¿Regla de amor o regla de deseo?
En la familia se expone el verdadero corazón del adolescente, hacia la relación con los demás. Situación tras situación revela lo que controla su corazón. En las luchas familiares, Dios nos llama a pasar por alto nuestra comodidad y tranquilidad. Nos llama a ser gobernados por la regla del amor y no por la regla del deseo.  Nos llama a buscar soluciones que formen en nuestros hijos un corazón semejante al de Cristo.

LA FAMILIA
Como una Comunidad Redentora
“Debido al pecado, la familia es un lugar de promesas incumplidas, sueños rotos y expectativas desilusionadas” Paul David Tripp. Las realidades de la caída por el pecado, son retratadas en nuestra familia. Cuando con humildad reconocemos nuestra falsedad, es cuando comenzamos a buscar la gracia de nuestro Señor Jesucristo.
“A medida que enfrentamos nuestra necesidad como pecadores, la familia comienza a ser una comunidad verdaderamente redentora donde los temas de la gracia, perdón, liberación del pecado, reconciliación, vida nueva en Cristo y esperanza, se convierten en los temas centrales de la vida familiar” Paul David Tripp.
Cuando es revelado nuestro pecado, podemos reaccionar de dos maneras: Auto justificarnos y hacerlo ver como aceptable o admitir nuestro pecado, confesarlo ante Dios y los hombres y colocarnos debajo de la gracia justificadora de Cristo. Esto es lo que debemos enseñar a nuestros hijos. Ellos deben saber y experimentar que no hay foso tan profundo, que la gracia de Cristo no pueda llenar.
“La clave para tener familias funcionando como una comunidad redentora, donde el evangelio es el pegamento que une a la familia, son padres que confían en Cristo de tal manera que están listos y dispuestos a confesar sus faltas a sus hijos” Paul David Tripp. Estos padres serán un modelo del Evangelio para sus hijos. A medida que los padres hagan esto fielmente, sus hijos comenzarán a ver la necesidad que ellos tienen de Cristo.
Cuando la Palabra de Dios es la norma en nuestros hogares, el pecado es revelado tal cual es. El mensaje de redención en Cristo cobra sentido. “Los hijos orgullosos, que están a la defensiva, que buscan excusas y auto justificarse se convertirán en buscadores de la gracia, a medida que el Espíritu Santo obre a través del ministerio fiel de los padres que abandonan su propio deseo de comodidad y tranquilidad” Paul David Tripp.
 La vida en el mundo caído
En nuestros hogares, nuestros hijos serán objeto del pecado de otros. Vivirán en una familia donde sus miembros no están totalmente santificados. Sentirán el egoísmo, el rechazo, la irritación, el enojo, etc. “Debemos enseñar a nuestros hijos que hay un Redentor que ha venido, que perdona, libera, reconcilia y restaura” Paul David Tripp. En vez de enviar a cada uno de tus hijos a su cuarto cuando hay un conflicto, debes hacer que uno frente al otro confiese su pecado, se pidan perdón y restablezcan su relación. Con esto enseñarás a tus hijos el Evangelio y darás testimonio del Redentor. Les enseñarás a tener esperanza, en medio de un mundo caído.
Cada uno de nuestros hijos experimentará su propio pecado cada vez que sean egoístas, perezosos, irresponsables, malcriados, etc. “Cada una de estas experiencias es una oportunidad para redimir, es decir, llevar a tus hijos al único lugar de esperanza y ayuda, el Señor Jesucristo” Paul David Tripp.
Muchas veces perdemos estas oportunidades porque estamos ocupados resolviendo cosas o porque sentimos los pecados de nuestros hijos como ofensa personal. Las heridas y el enojo nos atrapan, haciendo que reaccionemos con ira y condenación. En vez de esto, debemos sentirnos identificados con ellos, puesto que nosotros también somos pecadores. Cometemos los mismos pecados que nuestros hijos.
“NO debemos comunicar a nuestros hijos que ellos serían mejores si pudieran ser, de alguna manera, como nosotros. ¡NI Dios lo quiera! En vez de eso necesitamos decir que sólo es a través de Cristo que hemos experimentado la libertad de las cosas con las cuáles ellos batallan ahora” Paul David Tripp.
Nuestros hijos vivirán en un mundo caído e imperfecto. Serán expuestos a la tentación, mentiras y ataques del enemigo. Sin duda, el diablo buscará devorarlos. No podemos evitar que estén en contacto con este mundo caído; pero lo que sí podemos hacer es enseñarles que Cristo reina sobre todas las cosas. Que Él ya venció el pecado, el sufrimiento y el dolor. La gloria de la eternidad no se compara a los padecimientos que tenemos aquí. “¡Hay esperanza! Necesitamos encontrar maneras prácticas de comunicar esta esperanza a nuestros hijos” Paul David Tripp.
Cada situación de pecado representa una oportunidad para enseñar la gracia, para señalar que Cristo es más grande que el enemigo y para hablar del perdón y la liberación.
“La existencia y la gloria de Dios, la responsabilidad moral de amar al prójimo, y la esperanza del evangelio al enfrentar nuestro pecado deben ser los temas constantes que interpreten, definan, expliquen y organicen la vida familiar. Como padres debemos aceptar nuestra posición como los maestros principales puestos por Dios. Es un alto llamado que dura toda la vida” Paul David Tripp.

Oremos por nuestros hijos: “Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza” Efesios 1:17-19.




Alma Leticia Villela